Gente que labora en la Japay se cuestiona quién realmente toma las decisiones de carácter fifí, lo que sería el colmo que ahora su titular esté siendo rebasado por sus colaboradores para quedar bien con éstos y de paso alejarse de la gente o mejor dicho de la chusma.
Estas preguntas surgen luego de que trascendiera que Torres Rivas habría cedido a dejar un edificio histórico propiedad del organismo para rentar oficinas de lujo en la zona de Altabrisa, una de las áreas de mayor plusvalía de la ciudad, presuntamente por insistencia de altos directivos de la Subdirección de Administración y Finanzas.
De acuerdo con versiones internas, el traslado no obedece a una necesidad técnica u operativa urgente, sino a preferencias administrativas que han sido calificadas por trabajadores de dicha paraestatal y ciudadanos como un capricho costoso financiado con recursos públicos.
La decisión contrasta con el discurso de austeridad que Morena ha criticado durante años, y hoy día un morenista por conveniencia no duda en rentar oficinas fifís, desperdiciando absurdamente dinero del erario sin sentido alguno.
Todo eso ocurre mientras el servicio de agua en Mérida continúa siendo deficiente, con reportes constantes de baja presión, fugas sin atender y falta de suministro en diversas colonias, afectando a miles y miles de usuarios.
¿Es congruente que un organismo con problemas operativos destine millones de pesos para la renta de un edificio particular en una zona exclusiva de Mérida?
¿Puede el director general de la Japay justificar una decisión de este calibre y de doblar las manos ante las presiones internas subalternos?
¿Dónde queda la responsabilidad de priorizar el servicio público sobre los intereses personales y no propiamente técnicos o administrativos? ´
En pleno ambiente de destapes y suspirantes rumbo al próximo proceso electoral, decisiones de este tipo tomadas a la brava en el interior de Japay, comienzan a leerse no solo como actos administrativos fifís, sino como mensajes políticos de que dicho funcionario y varios de sus colaboradores no se ajustan a la austeridad republicana.
En tanto, hasta el momento nadie dice esta boca es mía, y que no se ha transparentado el monto total del arrendamiento ni Pancho Torres ha explicado por qué se optó por abandonar un inmueble propio con un valor histórico, en lugar de destinar esos millonarios recursos a mejorar la infraestructura hidráulica en Mérida y dotar en forma óptima este vital servicio a los habitantes de la capital yucateca.
Cuando un servidor público solamente se sirve del poder, además de que es ajeno a una labor de calidad, es cuando las cabezas que piensan adecuadamente deben pensar en un relevo con carácter de urgencia, debido a que sus garrafales errores están poniendo en aprietos a todo mundo.
EL PODER NO CAMBIA A LAS PERSONAS, SOLO REVELA QUIENES EN VERDAD SON.
Por EL PRINCIPAL